Durante varias temporadas, el plantel de River mantuvo un promedio de edad elevado, que llegó a superar los 28 años. Esta característica fue clave en momentos de experiencia y jerarquía, pero también trajo limitaciones físicas y futbolísticas. Con el correr del tiempo, el desafío de rejuvenecer se volvió inevitable.
En esa línea, Marcelo Gallardo comenzó a delinear una estrategia clara: apostar por la juventud. En los últimos mercados, no solo promovió juveniles de Inferiores, sino que también incorporó refuerzos sub-23 para acompañar ese recambio generacional. El impacto fue visible: en el Mundial de Clubes, River presentó un equipo con promedio de 25.9 años.

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Los beneficios son múltiples. Jugadores más jóvenes significan mayor explosión, intensidad y despliegue físico. El objetivo es volver a un estilo más vertical y agresivo, características que destacaron en los equipos campeones de 2015 y 2018, que contaban con futbolistas de menor edad promedio en comparación con el ciclo más reciente.

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El equilibrio es la clave. Aun con figuras veteranas como Armani o Kranevitter, el Millonario busca acompañarlos con futbolistas de proyección como Mastantuono, Dadín o Costantini. Con más piernas frescas y menos desgaste acumulado, el nuevo River quiere recuperar intensidad sin resignar identidad.
En una temporada exigente, el tiempo dirá si esta renovación da los frutos esperados. Por ahora, el mensaje está claro: River quiere seguir siendo protagonista, pero con una energía renovada.