El partido frente a Unión de Santa Fe no fue uno más: River sufrió para avanzar por penales, pero el Colibrí apareció en las dos definiciones decisivas, como frente a Libertad en la Libertadores, para convertir con temple y eficacia . Sin embargo, su estandarte de entrega no quedó sólo dentro del área sino que se extendió hasta las gradas, regalando un pedacito de su historia a un hincha privilegiado.

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El protagonista fue un fanático que flameaba una bandera colombiana en las tribunas del Estadio Malvinas Argentinas. Borja, casi sin pensarlo, se sacó el short del partido y lo arrojó hacia la platea, quedándose sólo en ropa interior como prueba de confianza y conexión total . Esa escena espontánea reveló un lado humano, cálido, del delantero colombiano.
En un fútbol en el que abundan los gestos ensayados, el regalo de Borja rompió con la frialdad del guion y rescató la magia del deporte: compartir lo propio, sin filtros. La platea explotó en vítores, y las redes replicaron el momento en tiempo real, convirtiendo ese short en un símbolo viral del vínculo entre jugador e hinchada.
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Mientras River mira hacia adelante, con la Copa Argentina como objetivo y los cuartos de final en el horizonte, ese presente de Borja quedará como una postal imbatible. Porque en la pasión millonaria, los detalles importan tanto como los goles, y la generosidad de un jugador suele despertar emociones tan contundentes como una victoria épica.